La evidencia científica sobre el arándano y las infecciones urinarias lleva años acumulándose. Y sin embargo, ningún hospital español lo incluye todavía en sus protocolos dietéticos. ¿Qué pasaría si lo hicieran?
Lo que la ciencia ya sabe
La relación entre el arándano y las infecciones del tracto urinario (ITU) dejó hace tiempo de ser medicina popular. El mecanismo está documentado: las proantocianidinas tipo A (PAC-A) del arándano impiden que la bacteria Escherichia coli —responsable de alrededor del 80% de las ITU— se adhiera al epitelio de la vejiga. Sin adhesión, la bacteria es eliminada en la siguiente micción sin llegar a colonizar el tracto urinario.
Varios metaanálisis publicados en revistas como The Cochrane Database of Systematic Reviews o The American Journal of Clinical Nutrition han revisado los ensayos clínicos disponibles y concluyen que el consumo regular de arándano —especialmente en forma de zumo o extracto concentrado en PAC-A— puede reducir la incidencia de ITU recurrentes, especialmente en mujeres. La dosis más estudiada ronda los 36 mg de PAC-A diarios, equivalentes a unos 200-300 ml de zumo de arándano 100% sin azúcar añadido.
¿Y si los hospitales lo incorporaran?
Imaginemos que un hospital público decidiera incluir zumo de arándano 100% natural —o una ración de arándanos frescos— en la dieta diaria de pacientes ingresados con catéter urinario, uno de los grupos con mayor riesgo de ITU nosocomial. El coste por paciente y día sería mínimo —inferior a 1 euro si se trabaja con productores de proximidad— y el potencial de reducir infecciones, y con ello el uso de antibióticos, podría ser significativo.
En un contexto de resistencia antibiótica creciente, donde las ITU nosocomiales suponen millones de euros en tratamientos y días de hospitalización adicionales en toda Europa, este tipo de intervención dietética de bajo coste y sin efectos secundarios conocidos merece al menos ser estudiada con rigor. Otros países, como Finlandia o Canadá, ya tienen líneas de investigación abiertas sobre la integración del arándano en protocolos de prevención hospitalaria.
Lo que falta: voluntad y estudios propios
El principal obstáculo no es científico sino institucional. Los protocolos hospitalarios cambian despacio, y para que un alimento entre en un protocolo clínico hace falta evidencia generada en ese contexto específico —no extrapolada de estudios externos— y el respaldo de las sociedades médicas. En España, ni la Asociación Española de Urología ni las sociedades de medicina interna han emitido recomendaciones formales sobre el arándano como complemento preventivo de ITU.
Mientras tanto, el arándano sigue siendo una herramienta infrautilizada por el sistema sanitario y sobreutilizada por el marketing de productos que, en muchos casos, apenas contienen la fracción activa necesaria para ser efectivos. La diferencia entre un zumo de arándano terapéutico y uno simbólico está en la concentración de PAC-A —y eso no suele aparecer en la etiqueta.
"Si el arándano fuera un fármaco de laboratorio con la misma evidencia que tiene, ya estaría en las guías clínicas. El problema es que es una fruta, y las frutas no tienen patente." — Reflexión habitual en los congresos de urología preventiva