El arándano no es solo una fruta para adultos preocupados por la salud. Es uno de los alimentos más completos para la dieta infantil: dulce, colorido, sin huesos ni piel gruesa y con un perfil nutricional que pocas frutas igualan.

Qué aporta el arándano a un niño

Por cada 100 gramos, el arándano aporta (datos USDA): 57 kcal, 14 g de carbohidratos (de los que 10 g son azúcares naturales), 2,4 g de fibra, 9,7 mg de vitamina C (11% de la CDR infantil), 19 μg de vitamina K, y cantidades significativas de manganeso. Su índice glucémico es 53 (bajo-moderado), lo que significa que no produce picos de glucosa bruscos, a diferencia de otras frutas más dulces.

Además, es una fuente excepcional de antocianinas —los pigmentos que le dan su color azul—, con acción antioxidante y antiinflamatoria documentada. En la infancia, cuando el sistema inmune y el cerebro están en pleno desarrollo, este tipo de compuestos bioactivos tienen especial interés.

¿A partir de qué edad pueden comer arándanos?

El arándano puede introducirse en la dieta del bebé a partir de los 6 meses de vida, cuando se inicia la alimentación complementaria, siguiendo las pautas del pediatra. Para bebés de 6-12 meses, se recomienda aplastarlo ligeramente o servirlo cocido (se ablanda la piel) para reducir el riesgo de atragantamiento. A partir del año, en fresco y entero es perfectamente seguro para la mayoría de niños.

Ideas para que los niños coman arándanos con gusto

¿Y los arándanos congelados?

Los arándanos congelados son perfectamente válidos para niños y conservan la mayor parte de sus propiedades nutricionales. Son además más fáciles de usar en cocina (batidos, muffins, porridge) y suelen ser más económicos fuera de temporada. Para niños pequeños, descongelarlos completamente antes de servir para que no estén demasiado duros.